Pensamientos en voz alta

Aporias, desvarios y demás

Las botas de Manuel

Son las seis y veinte de la mañana. En el barrio de San Cristóbal, Manuel, sesenta y tres años, se ata las botas en el rellano. Su mujer todavía duerme. Debería estar jubilado. Pero la pensión no llega y el alquiler sí.

En el mismo portal, Amina vuelve de limpiar oficinas. Entra mientras Manuel sale. Se cruzan. No se dicen nada. No hace falta.

Un poco más allá, un chaval de veintiocho años con dos trabajos y una habitación alquilada se pregunta si algún día podrá vivir solo. No digo independizarse. Digo vivir solo. Tener una casa. Cerrar la puerta y que nadie más tenga llave.

Nadie les pregunta cómo están. Nadie les mira a los ojos.

Y sin embargo, todos los días, en la tele y en las redes, nos dicen que el problema de España son los otros. El que vota distinto. El que habla otra lengua. El que viene de fuera. El que protesta.

Nos quieren divididos. Porque un pueblo dividido es un pueblo dócil. Y un pueblo dócil es un pueblo explotado.

Y mientras tanto, nos dicen que el problema es el de enfrente. El del rellano de al lado. El del barrio de al lado. El de la otra bandera.

Llevamos años en un teatro. Nos dicen que hay buenos y malos. Que si eres de izquierdas eres un resentido. Que si eres de derechas eres un fascista. Y mientras nos tiramos los trastos a la cabeza, los de siempre siguen llenándose los bolsillos.

Hay otra división. La que separa a los que defienden a los de abajo de los que defienden a los de arriba. Y eso no se mide por una bandera ni por un carnet. Se mide por lo que haces cuando nadie te ve. Se mide por a quién defiendes cuando defender al débil te cuesta algo.

La izquierda en la que yo creo no es un club de pureza. Es un compromiso con el que no tiene voz. Con el que se levanta a las cinco. Con el que cobra mil euros y paga seiscientos de alquiler. Con el que no puede encender la estufa en enero.

Esa es la izquierda que no se avergüenza de serlo. Esa es la izquierda que no pide permiso para defender al pueblo.

No nos engañemos. Este sistema no falla. Este sistema funciona. Funciona para unos pocos. Funciona para el que tiene acciones en la eléctrica mientras tú no puedes encender la estufa. Funciona para el banco que rescatamos con dinero público y que luego pone a tu vecina en la calle. Funciona para la empresa que se lleva la fábrica a Marruecos y deja a doscientos en el paro.

Este sistema extrae. Saca recursos, saca vidas, saca dignidad. Nos quiere cansados, porque un pueblo cansado no lucha. Nos quiere endeudados, porque un pueblo endeudado obedece.

Y por encima de todo, los que deciden desde fuera. Los que nos meten en guerras que no son nuestras. Los que nos ponen precio al pan y a la luz. Los que nos quieren como colonia, como mercado, como base militar. Los que se llevan a nuestros jóvenes a morir lejos mientras aquí no hay trabajo para ellos.

Nos dijeron que la OTAN nos protegía. Y mientras tanto, en nuestros hospitales falta personal. Nos dijeron que Europa nos cuidaba. Y en las escuelas no hay calefacción. Y los mayores se mueren solos en residencias que cuestan más que su pensión.

Lo aprendí de mi abuela. No sabía leer, pero sabía repartir. Cuando no había pan en casa, ella siempre encontraba un trozo para el vecino. Y no lo hacía por santidad. Lo hacía porque sabía que mañana el vecino le devolvería el gesto. Eso no es caridad. Eso es comunidad.

Este sistema nos quiere convencidos de que valemos por lo que tenemos. El del BMW vale más que el del autobús. El del máster vale más que el del oficio. El del chalet vale más que el del alquiler.

Pero eso es mentira. Eso es una mentira tan grande que necesitan repetirla todos los días.

La dignidad no se compra. Ni se hereda. Ni se mide en euros. La dignidad es levantarse cada mañana y mirarse al espejo sin tener que bajar los ojos.

Nos han querido convencer de que el hombre es un lobo para el hombre. Pero eso es mentira. Lo vimos en la Dana. Lo vimos en la pandemia. Lo vemos cada vez que un vecino se queda sin luz y el de al lado le pasa una regleta por la ventana. Somos de cuidarnos. Lo que pasa es que este sistema no quiere que lo recordemos.

La libertad no sirve de nada si no puedes pagar la calefacción. La justicia no sirve de nada si el que duerme en la calle sigue durmiendo en la calle. Las palabras bonitas no llenan la nevera.

No quiero una izquierda que pida perdón por existir. Ni que se avergüence de su historia. Ni que se arrastre detrás de banderas que no son las nuestras.

Quiero una izquierda que hable de lo que importa. De la vivienda. Del salario. De la sanidad. De la tierra. De los jóvenes que se van porque aquí no encuentran nada. De los mayores que se quedan porque no tienen a dónde ir.

Quiero una izquierda que no mande a nuestros jóvenes a morir en guerras que no son nuestras. Ni firme tratados que nos condenan. Ni se siente en mesas donde se reparte el mundo sin contar con nosotros.

Quiero una izquierda que se manche las manos. Que esté en las asambleas y en los sindicatos. Que escuche más de lo que habla. Que no pacte con los que nos roban.

Y una advertencia: la izquierda que se avergüenza de serlo ya ha perdido. La izquierda que gestiona el sistema sin cambiarlo ya ha perdido. Solo gana la que no tiene dueños. La que no tiene miedo.

Nos quieren enfrentados. El de aquí contra el de allá. El joven contra el viejo. El que nació aquí contra el que vino.

Y mientras nos peleamos, los de arriba se ríen. Se ríen en sus despachos. Se ríen en sus cenas. Se ríen mientras nosotros nos insultamos por una bandera en las redes.

La verdadera grieta no es entre izquierda y derecha. Es entre los que mandan y los que obedecen.

Esa grieta solo se cierra desde abajo. Organizándonos. Recordando de dónde venimos.

Volvemos al rellano. A las seis y veinte. Manuel sigue atándose las botas. Amina sigue volviendo de limpiar. El chaval sigue con sus dos trabajos. Nada ha cambiado.

Pero ahora hay una palabra que antes no estaba. No se dice. Se hace. Organización.

No estamos solos. Somos muchos. Y aunque nos quieran dividir, aunque nos quieran cansar, la verdad es que hay otra manera.

La hay cuando un barrio frena un desahucio. La hay cuando unos trabajadores se plantan y dicen basta. La hay cuando alguien, en cualquier parte de este país, decide no agachar más la cabeza. Eso es organización. Lo demás son palabras.

No queremos medallas. Queremos que Manuel pueda jubilarse. Que Amina no tenga que limpiar oficinas a los sesenta. Que el chaval de los dos trabajos pueda vivir solo.

No queremos limosna. Queremos derechos.

Este sistema nos quiere solos. Pero no estamos solos. Y eso, para ellos, es el peor de los problemas.

Pan. Techo. Trabajo. Salud. Eso no es un programa político. Eso es la vida.

Manuel vuelve a casa a las ocho de la tarde. Las botas pesan. En el rellano, alguien ha dejado una bolsa con naranjas. No hay nota. No hace falta.

Mañana volverá a bajar las escaleras. Amina volverá a subirlas. Y en ese cruce, en ese saludo mudo, en esa bolsa de naranjas sin dueño, está todo lo que este sistema no puede comprar.

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Sobre el libro

Esta exquisita recopilación muestra un conjunto diverso de fotografías que captan la esencia de distintas épocas y culturas, reflejando los estilos y perspectivas únicos de cada artista. Las evocadoras imágenes de Fleckenstein, el innovador enfoque modernista de Strand y la meticulosa documentación de la vida japonesa de Kōno se unen en una armoniosa mezcla que celebra el arte de la fotografía. Cada imagen de «El libro de las historias» va acompañada de un comentario perspicaz, que proporciona un contexto histórico y revela las historias que hay detrás de las fotografías. Esta colección no es sólo un festín visual, sino también un tributo al poder de la fotografía para preservar y narrar las polifacéticas experiencias de la humanidad.

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Preguntas más frecuentes

¿De qué trata El libro de las historias?

Esta exquisita recopilación muestra un conjunto diverso de fotografías que captan la esencia de distintas épocas y culturas, reflejando los estilos y perspectivas únicos de cada artista.

¿Cuánto cuesta El libro de las historias?

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¿Cuándo saldrá a la venta El libro de las historias?

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